CAPITULO 2: De cómo creé los Telepizzas, los animales y la vegetación
La verdad es que crear el Día y la Noche me dio tela de sueño, así que, como os conté en el capítulo anterior, me tiré a la bartola -abstenerse mariquitas graciosos- y me pegué tres días y tres noches durmiendo.
Cuando me levanté me dio por crear los Continentes, los Prycas y los Leroys Merlines, y después, como tenía mucha sed, creé los Oceános, los Mares, los Ríos, los Pantanos, los charcos y las botellas de agua. El agua me abrió el estómago y entonces creé los Telepizzas y los teléfonos para llamar al Telepizza, y lo mejor de todo, también creé una oferta en la que había 2x1 a domicilio…
No vea como me puse de pizza de la masa gorda. Así me pegué seis meses, a base -gorda- de pizza y agua, y esa mezcla con pinta de anguajo fue esponjando en mi tripa y eché una barriga del carajo. A pesar de no haber creado aún el colesterol, me vi obligado entonces a variar mi dieta y para ello era preciso crear los animales y los vegetales, indispensables para una dieta equilibrada. Ahí fui tonto, si estaba solo sobre la faz de la Tierra, por qué coño tenía que estar delgado, no tenía que gustarle a ninguna piba. Pero bueno, me lié y me puse a crear gambas, cangrejos moros, ortiguillas, chipirones, cazón en adobo, pulpo a la gallega, mero empanao… me emocioné tanto que en vez de los animales creé la carta del Bar Galicia. Pronto me repuse de este error y coloqué sobre la tierra a todas la criaturas vivas que podáis imaginar…, y sí, lo siento, también le di la vida al erizo mierda ese con acento argentino de Génesis Seguros, el hijo de puta.
A continuación creé las vegetaciones y percibí que con las vegetaciones no podía respirar y me pegaba todo el santo día estornudando. Así que cambié las vegetaciones por hierbas y árboles y creé los naranjos, los cedros, los alcornoques, los pinsapos -que se quedaron en preliminares-, los sauces, los árboles del mora, etc… una vez que acabé con los árboles me senté debajo de un olivo -yeyé yeyé- y creé a las Azúcar Moreno. Craso error el mío, no vea la que me dieron la fea y la más guapita. Pero me valieron para algo, me di cuenta de que las protuberancias que tenían por debajo del cuello y por encima de las caderas -a las que muchos llaman mamellas- distraían mucho mi atención y hacían que me picara la ingle. Es así como empecé a pensar en crear a la mujer, y más tarde al hombre,…. pero de eso ya hablaré otro día.
miércoles, 1 de octubre de 2008
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