jueves, 11 de diciembre de 2008

Los Jueves del Negro... Y ES QUE YO FUI EL PRIMERO



Capítulo 7: Otra criatura en el mundo con la llegada del Medievo


Con Jesuli, Dios sabe donde, a buen recaudo... el Negro -no olivdéis que el protagonista de esta sección es él- decidió poner fin a su retiro espiritual en el año 476. Ya sabéis que el Negro es gran amigo de las buenas sobadas, pero esta fue de récord, casi 500 años planchando la oreja. Y como dicen que dormir rejuvenece, ahí estaba el tío, más joven que cuando se acostó y con ganas de ver como había evolucionado su creación durante todo este tiempo.


Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que el mundo ya no tenía nada que ver con aquello que él había creado... ya no había romanos, ni profetas, ni crucifixiones... pero sí tela de castillos y un montón de gente mu arreglaita y montada a caballo. Por un momento creyó que estaba en Jerez... de los Caballeros, pero no, es que había llegado la Edad Media, también conocida como el Medievo,.... sí, se le llamó así porque en este periodo las gentes o no se podían ver o tenían una amistad muy grande. Así que cualquier vasallo, escudero o juglar de la época podía decir: “Con Juanito medievo del carajo, pero con su hermano medievo regular”. Tanto arraigó la expresión que dio nombre a este época.


Se dio cuenta el Negro de que el cristianismo, la religión que había creado Jesuli, también había arraigado tela en la sociedad feudal, pues como pueden comprobar vuestras mercedes -me meto en el argot de la época- estaba llena de curas, monasterios, monaguillos y papas... y hablando de papas el Negro se acordó de la papas con lúas que le preparaba la guarrona de Eva-x y se fue a buscar algo de comer. Llegó a una aldea y entró en una taberna. Buscaba de comer, pero vio a la doncella que reinaba detrás de la barra y le entraron más ganas de que se la comieran... y, por enésima vez, el Negro la metió donde no debía. Resultado: un nuevo hijo en el mundo y cocoricó del Negro para abandonar cuanto antes el país.


A los nueves meses nació un niño, Arturito le pusieron de nombre. De familia pobre, pero de espíritu noble y aventurero... vamos, que al niño se le metió en los güevos desde mu chiquitito eso de ser caballero andante... de conquistar a bellas princesas... de buscar el Santo Grial... y, por su puesto, de participar en justas y torneos para ganarle al caballero negro, el tío con más mala leche del lugar. Y ahí empezó a buscar su sueño Arturito, primero como escudero...

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